Esta actividad evaluable constaba de realizar un teatro para una clase de Infantil en el que hubiera elementos musicales. El enlace de vídeo que entregamos para su corrección (aunque la profesora estuvo allí la mayor parte del día) he decidido no compartirlo en este Blog para no difundirlo excesivamente. Sin embargo, en este enlace se puede ver el guión y las actividades previas para la profesora que diseñamos.
Este fue, con diferencia, el trabajo en el que nuestro grupo más se esforzó y más horas le dedicó en comparación con cualquier otro trabajo de la asignatura. Tardamos mucho en ponernos de acuerdo en casi todos los temas como el vestuario, el cuento, e incluso tuvimos una discusión con respecto a la música, y aún así sólo pudimos decidir cuando la fecha de entrega estaba próxima. Ensayamos hasta que nos salió al menos una vez perfecto, aún conscientes de que en el escenario habría que improvisar si algo salía mal, y fuimos hacia el lejano centro con los materiales para el cotidiáfono pagados de nuestros bolsillos y mucha ilusión.
Por desgracia, mi día empezó francamente mal: justo aquella mañana me había puesto tremendamente enferma del vientre, y me encontraba nauseabunda y con fuertes dolores que fluctuaron durante la mañana a pesar de las dos pastillas que tomé. Por suerte, aunque el cotidiáfono lo hice a duras penas y con una pausa para devolver, a la hora de ensayar la pastilla ya había hecho efecto y me encontraba lo bastante bien como para seguir.
El cuento fue corto pues no queríamos arriesgar una historia demasiado compleja que desconcertara a niños tan pequeños, sin dejar de incluir los sonidos musicales y una enseñanza de valores. Pero aún así ellos apenas quisieron participar mas allá de usar el sonajero como lluvia, ni siquiera con los bailes que la profesora nos forzó a realizar con la canción que compusimos. Cuando todos los niños terminaron de salir de la sala, la profesora nos reunió y nos dijo su opinión.
Sus críticas fueron duras: el cuento era demasiado corto y sencillo, el decorado y la vestimenta muy poco trabajada, la canción harto extraña, los sonidos horriblemente colocados, un miembro del grupo no participaba sino como cámara lo cual era inaceptable y en general una actuación muy deficiente.
Fue una dura conversación, pues cada vez que intentábamos dar nuestras opiniones (el vestuario haciendo referencia al que los niños ya habían hecho, el cuento que ya le habíamos entregado y que no había puesto problemas) ella nos recriminaba que estábamos excusándonos. Pero cuando nos sentábamos en silencio a escucharla, nos pedía nuestra opinión y qué pensábamos nosotras de nuestra actuación, para volver a decirnos que no nos excusáramos. Fue una discusión que nos deprimió soberanamente, hasta un punto en el que nos planteamos seriamente no hacer la siguiente representación, y cuando lo hicimos fue mucho menos motivadas y una compañera incluso se olvidó de una parte importante de su diálogo.
En general, no lo considero una experiencia agradable. Al final de las actuaciones hablamos amargamente de nuestros errores y cómo podríamos haberlos solucionado, a la defensiva con los errores personales y una actitud en general negativa. Más tarde hablamos sobre la posibilidad de hacerlo en otro centro de forma más adecuada, pero llegamos a la conclusión de que no podríamos mejorarlo significativamente antes de la fecha límite, y menos con la carga extra de encontrar un centro que nos permitiera hacerlo.
La profesora nos pidió que, en el portafolio, hiciéramos una reflexión sobre qué exactamente podríamos haber hecho para hacerlo correctamente, y tras mucho reflexionar he llegado a la conclusión de que fallamos en los siguientes puntos principales:
- Debíamos haber tenido más coordinación para decidir las cosas con el suficiente tiempo.
- El cuento debía haber sido más largo, complejo, y haber tenido más diálogo.
- Para el punto anterior, tendríamos que haber quedado para ensayarlo al menos durante varias semanas hasta que nos saliera perfecto.
- Debíamos haber gastado más dinero y recursos en los elementos visuales del teatro, tales como el vestuario y el escenario.
- Todas debíamos estar presentes en la representación.
- Los elementos del cuento musical, los sonidos, deberían haber tenido más presencia y sentido en la narrativa y haber estado más pulidos.
- No debimos haber intentado componer nosotras la canción, en su lugar debíamos haber cogido una canción sencilla que los niños conocieran y haber escrito una letra que pudieran haberse aprendido.
- El grito de "Átaka" como recurso para mantener la atención y la participación no funcionó.
Pero, cuando miro hacia atrás y a las circunstancias de nuestro grupo, no puedo evitar pensar que no había forma de haber solucionado todos estos problemas de una forma que fuera lo bastante satisfactoria.
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