- Control respiratorio
- Aprender nueva canción del repertorio (Yo tengo un pianito).
- Discriminar los elementos del compás de la canción.
- Acompañar la canción con instrumentos de manera coordinada.
- Relacionar la canción con su partitura.
- Hacer una lectura rítmica y melódica de la partitura.
Actividades:
1. En primer lugar, ejercitamos el control respiratorio con un ejercicio que consistía en sostener un trozo de papel en la pared soplando. En este sencillo juego se trabajaba tanto la capacidad pulmonar (pues si el soplido era demasiado suave, caía) como la respiración controlada (ya que se intentaba que el flujo fuera siempre constante, al mismo ritmo y velocidad, con el mínimo aire para que aguantara todo lo posible pero el suficiente para que se mantuviera). Esto la profesora lo convirtió en un juego, haciendo una competición sobre quién aguantaba más, y nos recomendó además que cuando lo lleváramos a cabo en Infantil creáramos un motivo para sostener el papel, como por ejemplo haciendo que su forma fuera una mariposa y colocando una flor en la pared, de forma que la mariposa se posara en ella.
2. Seguidamente, realizamos dibujos en parejas con unas judías que nos aportó la profesora en el suelo, con la condición de que no podíamos usar las manos, solo pajitas: bien creando un vacío en ellas para coger la judía, o bien soplando hasta colocarla en su sitio, trabajando de forma alternante la espiración y la inspiración.
3. Por último, aprendimos la canción de "yo tengo un pianito" del repertorio.
Yo tengo un pianito (do re mi fa sol sol)
Fácil de tocar (la si do la sol)
Moviendo las manos (sol sol sol sol mi mi)
Se pone a cantar (re mi fa re do)
Como es costumbre, primero analizamos los elementos del compás, y después los instrumentamos: usamos el triángulo para el acento, las claves para el pulso y la caja china para la subdivisión. Lo hicimos de la siguiente forma: nos separamos en tres grupos con un único instrumento para cada grupo, y nos pasamos el instrumento en cada semifrase de la canción (exceptuando el triángulo, que lo pasamos cada vez que sonaba una vez con cada acento).
Seguidamente, la profesora sacó unas páginas que tenían la partitura escrita a trozos. Interpretamos la partitura con palabras rítmicas, con el nombre de las notas, y luego las profesora los desordenó en el suelo señalando los que debíamos cantar, en un orden diferente y formando una música nueva, con el objetivo de asimilar la grafía para poder leerla desordenadamente. Esta es la base del aprendizaje significativo: partir de algo que sabemos, en este caso la canción, y avanzar el conocimiento desordenando los símbolos y entendiéndolos hasta que tengan significado propio.
Reflexión:
La primera actividad me fascinó, es un ejercicio que tiene sentido en sí mismo y sirve para el entrenamiento de una habilidad, lo cual considero que es el núcleo de la educación, y espero poder llevarlo a la práctica en el futuro. Aunque es cierto que mi trozo de papel estaba roto, y estuve gran parte del ejercicio preguntándome si eso no afectaría al tiempo que duraba el mismo sobre la pared.
Con respecto a la actividad de las judías, debo admitir que junto a mi compañera planeábamos hacer una estrella de cinco puntas, pero no fuimos capaces de que se viera con la suficiente claridad, de modo que decidimos hacerla de seis. Una estrella judía, ¡hecha de judías!
La experiencia de pasar el instrumento entre nosotros, sin embargo, me pareció algo extraña e innecesaria teniendo en cuenta que disponíamos de suficientes instrumentos de percusión para todos, y aún de no ser así también contábamos con la voz o con la percusión corporal.
En referencia a la actividad del desorden de la partitura, he de mencionar que no salió todo lo bien que cabría esperar. La idea era buena, pero por desgracia daba la sensación de que nadie sabía realmente dar ese salto de separar los elementos entre ellos, así que quizás hubiera sido mejor dar la clase teórica en la que la profesora nos explicaba las notas del pentagrama antes del ejercicio. Yo personalmente lo cierto es que tuve pocos problemas, pero sólo debido a mi básica habilidad de solfear (a pesar de encontrarme algo enferma con la garganta).
Otros problemas de la partitura fueron que, a pesar de que al principio nos hiciera desordenar las partes, la profesora se vio entonces obligada a reordenarlas para facilitar la lectura, y luego a señalar el fragmento que debíamos cantar en lugar de hacerlo linearmente. También escuché quejas de una compañera porque, entre la velocidad a la que nos obligaba a adaptarnos a la nueva música, y al hecho de que teníamos que mirar hacia abajo todo el tiempo, se había mareado un poco, sensación que yo también compartí.
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